Hay decisiones que no son fáciles de tomar. Especialmente cuando afectan a algo que has creado, cuidado y visto crecer durante tiempo.
Hoy me apetecía sentarme a escribir sobre una de ellas.
Quienes me conocéis sabéis que no he llegado por casualidad a ninguno de los destinos profesionales por los que he ido navegando a lo largo de mi vida.
Crecí en una familia humilde, sin estudios, pero rodeada de muchísimo amor. Allí fue donde empezó a forjarse la Rocío que soy hoy.
Llegué a la universidad sin tener, en realidad, ni pajolera idea de qué hacer con mi vida. En mi solicitud de acceso había opciones tan diferentes como Empresariales, Derecho y, por supuesto, en primer lugar, Magisterio.
Poco después empecé a descubrir mi verdadera vocación: quería enseñar, pero, sobre todo, quería contribuir a que aquellos niños que partían de circunstancias familiares y sociales más difíciles pudieran encontrar oportunidades para soñar con llegar tan lejos como quisieran: a que pudieran hacer realidad sus sueños, como me había pasado a mí.
Durante la preparación de mis propias oposiciones al Cuerpo de Maestros fantaseaba constantemente con todo lo que quería aportar a las vidas de mis futuros alumnos.
Quería ser una maestra diferente. Una maestra que enseñara mucho, sí, pero que nunca olvidara que detrás de cada niño hay una historia personal, una familia y unas circunstancias que también entran cada mañana por la puerta del colegio. Quería compartir un trozo de mí en cada clase, en cada colegio por el que pasara.
Y la escuela me dio mucho más de lo que imaginaba.

A lo largo de mis años de docencia he tenido la suerte de construir relaciones maravillosas con alumnos y familias. Algunas de aquellas relaciones se convirtieron en verdaderas amistades que todavía conservo. Niños que hoy son adultos, con vidas propias que tengo la fortuna de seguir, en muchos casos, muy de cerca.
La educación me ha dado muchísimo. Me ha enseñado, me ha emocionado y, en más de una ocasión, también me ha ayudado a sanar.
Quizá por eso, casi sin darme cuenta, un día llegué al mundo de la preparación de oposiciones.
Cómo empezó todo
Siempre he creído en una escuela pública capaz de compensar desigualdades y ofrecer oportunidades reales a quienes más las necesitan. Un lugar donde la diferencia enriquece y donde no se establecen techos por cuestiones relacionadas con el nivel social o económico de partida de la familia.
Y estaba convencida de que una buena preparación de oposiciones debía ir mucho más allá de aprender contenidos o superar unas pruebas: tenía que ayudar a formar a los maestros y maestras que algún día estarían delante de esos niños. Ayudar a desarrollar conciencias, a contribuir a la evolución personal del colectivo, impulsar cambios desde la base.
En ese camino llegó también Academia CEVI, la Academia que ha apoyado todas mis locas propuestas durante este tiempo.
Pronto llegaron las primeras plazas, las primeras celebraciones y aquellos opositores que, con el tiempo, terminaban convirtiéndose en amigos.
Y así fue tomando forma Funcionarízate: el gran proyecto online de Academia CEVI.
Un proyecto que nació desde la ilusión, con muchas ganas de compartir conocimientos y con una forma muy personal de entender la preparación y la educación.
Poco a poco, el proyecto fue creciendo y Rocío dejó de trabajar sola para rodearse de un equipo extraordinario, formado en buena parte por personas que habían sido alumnas y que compartían una manera muy parecida de entender la educación y la preparación de oposiciones.
Y aquello fue, probablemente, una de las cosas más bonitas que me ha dado Funcionarízate: ver cómo una idea que había comenzado siendo tan personal se convertía en un proyecto compartido, donde había tanto bonito por hacer y que podía generar trascendencia en la Educación de nuestro país.

Cuando la vida te hace mirar de otra manera
Pero mientras el proyecto crecía, la vida también iba poniendo sus propios retos en mi camino.
En 2021 perdí a mi padre: mi persona favorita, para quien siempre fui su ojito derecho, con quien podía abrirme en canal y de quien recibía siempre apoyo desmedido y amor incondicional.
Y con aquella pérdida llegó una de esas sacudidas que te hacen replantearte muchas cosas.
Resulta curioso cómo podemos pasar años estudiando, acumulando títulos, preparando oposiciones y persiguiendo objetivos sin detenernos demasiado a pensar en algo tan sencillo como la fragilidad de la vida.
De repente entendí, de una manera que nunca antes había experimentado, que todo puede cambiar de un día para otro.
También empecé a darme cuenta de que había dedicado muchísimo tiempo a estudiar, trabajar, ayudar, acompañar y cuidar, pero que, en algún momento de ese camino, me había olvidado un poquito de mí.
Para mí, una mujer presumida y coqueta, encontrarme con un sobrepeso de unos 40 kgs era un castigo: no me identificaba y sobre todo, no me encontraba.
Y comencé a hacer pequeños cambios.
A prestar atención a mi salud, a mi bienestar, a mis prioridades y a esas cosas que tantas veces dejamos para después porque siempre parece haber algo más urgente.
A darme poco a poco cuenta de quién merecía la pena conservar a mi lado y quien simplemente, debía bajarse en la siguiente estación del tren de mi vida.
Mientras tanto, Funcionarízate continuaba creciendo gracias a un equipo cada vez más preparado y consolidado. Personas que supieron asumir responsabilidades, aportar ideas y mantener vivo el proyecto incluso en aquellos momentos en los que yo necesitaba permanecer al margen.
La vida profesional también siguió avanzando.
Decidí afrontar un nuevo reto y preparar las oposiciones de Inspección de Educación. En 2023 comencé a trabajar como inspectora accidental y en 2026 conseguí mi plaza de la mano de mi gran amiga Irene Chumillas: compañera de trabajo y de aventuras.

Otra meta, nuevos aprendizajes, nuevas personas y una manera diferente de seguir contribuyendo a la mejora de la educación.
Y así, casi sin darme cuenta, llegamos al presente.
¿Por qué una pausa?
Porque los proyectos también tienen etapas.
Porque las circunstancias cambian, nosotros cambiamos y, a veces, necesitamos detenernos para mirar con perspectiva todo lo recorrido y pensar cómo queremos continuar.
Hoy he decidido poner en pausa mi actividad en Funcionarízate.
Y no voy a negar que tengo el corazón encogido y dudas constantes de si realmente estoy haciendo lo que debo hacer. Sin embargo, si pongo la mano en mi pecho y cierro mis ojos, mi corazón me dice que he tomado la decisión adecuada, que a esta vida he venido a jugar y a dejarme seducir un poco por la ilusión de los nuevos comienzos.
Hay muchos años de trabajo, ilusiones, aprendizajes y personas detrás de este nombre. Muchas experiencias que forman parte de mi vida y que siempre llevaré conmigo.
Pero también he aprendido que no todas las decisiones tienen que venir acompañadas de un plan perfectamente definido para el futuro: quiero nadar en la incertidumbre.
A veces basta con saber que ha llegado el momento de hacer una pausa, sin que eso signifique renunciar a todo lo que todavía nos gustaría hacer.
No sé si esto será un punto y seguido o un punto y aparte. Quizá ni siquiera necesite decidirlo ahora. De hecho, no voy a hacerlo.
Lo que sí sé es que me quedo con la satisfacción de lo hecho hasta el momento y con muchísimo agradecimiento hacia quienes han formado parte de esta historia.
Las personas que quedan en el camino
No podría escribir estas líneas sin acordarme especialmente de José y Alonso.
Durante estos años han sido mucho más que los responsables de Academia CEVI. Para mí, nuestra relación ha trascendido en muchas ocasiones lo estrictamente profesional.
Hemos compartido ilusiones, preocupaciones, experiencias y momentos importantes de nuestras vidas.
Su confianza en mí, en mis ideas y en mi forma de entender la preparación ha tenido un valor enorme durante todo este tiempo.
Por eso, independientemente de los caminos que ahora tomemos, quiero agradecerles sinceramente lo compartido, el cariño y la confianza.
Y, por supuesto, a mi equipo.
A esas personas que han trabajado conmigo, que han creído en el proyecto y que han contribuido a hacerlo crecer con su dedicación, sus conocimientos y su esfuerzo.
Una parte de ese equipo continuará su trayectoria docente en Academia CEVI.
Pilar y Estefanía darán continuidad a la preparación online a través de la plataforma de @academiacevi, mientras que Eva asumirá la preparación del grupo semipresencial.
Me alegra saber que los alumnos podrán seguir contando con profesionales que conocen bien el trabajo desarrollado y que han formado parte de este camino.
Les deseo lo mejor en esta nueva etapa y les pido que nunca olviden que detrás de una matrícula en una academia hay ilusiones, sueños y objetivos. Que vean rápidamente la vocación en quienes quieren de verdad contribuir a la mejora de la educación de nuestro país y que se entreguen incondicionalmente a estas personas. Muchos somos lo que hoy en día somos gracias a esos maestros, apasionados por darnos una oportunidad de futuro, que nos acompañaron en nuestros primeros años de formación.
Y a todos los opositores que habéis confiado en nosotros durante estos años, gracias. Ojalá el trabajo compartido os haya ayudado a acercaros un poquito más a vuestra plaza y, sobre todo, a convertiros en los docentes que queréis ser. No os olvidéis nunca del verdadero poder que tenéis y acordaros de niños y niñas como yo: sin profesionales como vosotros nunca hubiéramos llegado a poder alcanzar nuestros sueños.
¿Y ahora qué?
Pues, por primera vez en mucho tiempo, no tengo una respuesta cerrada.
Pero no tener un plan definido no significa que me falten las ganas de seguir haciendo cosas. Más bien todo lo contrario. Sabéis que mi cabeza es un constante hervidero de ideas.
Sigo siendo aquella niña que llegó a la universidad sin saber demasiado bien qué camino tomar, pero con una curiosidad enorme y muchas ganas de descubrir el mundo.
Solo que ahora llevo conmigo bastantes años más, muchas experiencias, aprendizajes y un montón de sueños que todavía me quedan por cumplir.
Me sigue apasionando la educación, pero también me gusta estudiar, escribir, leer, viajar, descubrir lugares, disfrutar de los pequeños planes y compartir tiempo con las personas que quiero. Y un cosa importante: también me gusto yo. Quiero cuidarme y darme mi sitio.
Y, sobre todo, me sigue ilusionando conocer a personas que aportan nuevas miradas, descubrir ideas diferentes y encontrar maneras de contribuir a aquello en lo que creo.
No quiero cerrar puertas. Quiero seguir escuchando, aprendiendo y descubriendo oportunidades que quizá hoy ni siquiera se me han pasado por la cabeza.
A veces las mejores experiencias profesionales y personales llegan precisamente así: de una conversación inesperada, de alguien que comparte una idea contigo o de una propuesta que te invita a mirar las cosas de otra manera y que a personas, con la inquietud que yo llevo dentro de mis venas, de vez en cuando nos hace falta escuchar.
Por eso, aunque ahora cierre esta etapa, sigo teniendo la misma curiosidad, las mismas ganas de aprender y muchas inquietudes que todavía esperan encontrar su lugar.
Quiero seguir creciendo, pero también disfrutar del camino, sin necesidad de tener todas las respuestas desde el principio.
Y me apetece que esta página web sea precisamente eso: un lugar donde escribir con calma, compartir reflexiones, recomendar lecturas y hablar de educación, pero también de la vida y de todas esas cosas que nos van construyendo como personas.
No sé bien qué os acabaré compartiendo, pero me hace ilusión no tener idea alguna de qué derroteros puede ir todo tomando y volver a sorprender a la niña que llevo dentro y que nunca he dejado de sentir.
No tengo necesidad alguna de que todo encaje dentro de un proyecto o tenga que convertirse en algo más. De momento voy simplemente a “existir”.
Seguimos en contacto
A quienes habéis estado cerca de Funcionarízate durante todos estos años, gracias.
Gracias por la confianza, por las palabras de ánimo, por las experiencias compartidas y por haber formado parte de esta historia.
No sé qué vendrá después, pero sí tengo claro que quiero seguir aprendiendo, disfrutando y compartiendo.
Si os apetece seguir acompañándome, podéis encontrarme en esta web y también en Instagram, en @rociogonzalezsegovia.
Porque, a veces, un punto y aparte no significa que una historia termine. A veces solo significa que alguien ha tenido la valentía de cambiar de rumbo cuando todavía tenía muchas cosas que ofrecer.
Y aquí permitidme una última reflexión, con un poquito de humor, que saco de la conversación que tuve el otro día con un buen amigo.
“Roci, te haces a un lado en tu mejor momento, como Induráin”.
La verdad es que en mi vida, siempre he sido más de la orquesta del Titanic: de las que siguen tocando hasta el último momento, aunque ya no quede nadie pidiendo otra canción.
Pero esta vez he decidido parecerme un poquito más a Induráin, haciendo alusión a mi colega.
Cinco Tours a sus espaldas, una trayectoria extraordinaria y todavía con piernas para seguir pedaleando, supo reconocer cuándo había llegado el momento de cerrar una etapa.
Eso sí, que nadie se confunda: no cuelgo el maillot. Simplemente, todavía no sé si me apetece un paseo más a lo Verano Azul o seguir compitiendo.
Gracias por estar ahí. ❤️








Gracias por existir.
Qué bonito mi Roci, me ha encantado el post, qué grande eres, no tengo ninguna duda de que no has colgado el maillot, como siempre te digo mi ejemplo a seguir en la
Educación y en la vida, ojalá más personas como tú…Gracias por contagiarme esa pasión por la educación. Que suerte la mía…Te quiero mucho.
Rocío, eres una tremenda profesional. Te agradezco enormemente todo lo que me ayudaste desde tus clases, y los ánimos que me diste para no desistir. Fuiste un gran motor para mí en ese momento. Te deseo que todo te vaya fenomenal, queriéndote y cuidándote. un abrazo enorme!